noviembre 22, 2005

El color del mundo...

Un anciano descansaba sentado en un viejo banco, a la sombra de un árbol, cuando fue abordado por el conductor de un automóvil, que estacionó a su lado:
- ¡Buen día!- ¡Buen día! Respondió el anciano.
- ¿El señor vive aquí? - Si...., hace muchos años...
- Vengo de mudanza y me gustaría saber, como es el pueblo de aquí. Como el señor vive aquí hace tanto tiempo, debe conocerlo muy bien.
- Es verdad, - dijo el anciano. – Más, por favor, cuénteme antes, de la ciudad de donde usted viene.
- ¡Ah! Es óptima. ¡Maravillosa! Gente buena, fraterna...
Tengo allá, muchos amigos. Sólo la dejé por
imperativos, de la profesión.

- Pues bien, hijo mío. Esta ciudad es exactamente igual. Le va a gustar aquí.
El forastero agradeció y partió. Minutos después, apareció otro automovilista y también se dirigió al anciano:
- Estoy llegando para vivir aquí. ¿Qué puede decirme de este lugar? El anciano, le hizo la misma pregunta: - ¿Cómo es la ciudad de dónde viene? - ¡Horrible! ¡Pueblo orgulloso, lleno de pre conceptos, arrogante! ¡No tengo ni un amigo en aquel lugar horroroso! - Lo siento mucho, hijo mío, pues aquí usted encontrará el mismo ambiente... Así somos nosotros.... vemos en el mundo y en las personas, algo de lo que somos, de lo que pensamos, de nuestra manera de ser. Si somos nerviosos, agresivos o pesimistas, así será el mundo y sólo encontraremos problemas y conflictos.
En otras palabras, el mundo tiene el color que le damos, a través, de nuestras propias lentes... de nuestra manera de ver las cosas. Si vemos el mundo con lentes oscuras de pesimismo, todo a nuestro alrededor nos parecerá oscuro... envuelto en tinieblas. Si estamos turbados por el desánimo, el universo que nos rodea se presenta aflictivo. Más, si al contrario, somos optimistas, sentiremos que en todas las situaciones, hay aspectos positivos y llenos de entusiasmo. El color del mundo, por lo tanto, depende de nuestra óptica... de manera como estamos sintiendo, al final, el exterior estará siempre reflejando, lo que llevamos en el interior.
Ser optimista, es ser generador de adrenalina emocional, que estimula la sangre, impulsando al avance, a la alegría. Cultivando el optimismo en nuestros sentimientos, adquirimos una visión, para percibir el lado bueno de la vida que nos rodea... tendremos fe, en Dios, y todo será bello y a nuestro alrededor tendremos alegría y felicidad.
Mira al mundo con mucha... ¡ALEGRIA y AMOR y SE FELIZ!!!! "Recuerda que, el HOMBRE no es producto del medio.... pero sí, el medio es producto del Hombre.... Porque un HOMBRE – con mayúsculas – cambia al medio.....
Construye un Mundo Mucho Mejor".
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1 comentario:

O Suso dijo...

Me encanta este cuento, lo conocía por mi hermano, pero hoy creo que lo necesitaba leer, me he venido hasta aquí, al principio para ver un poco más de tu blog.
Besos